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INFANCIA: EL FUTURO SOCIAL QUE SACRIFICAMOS AL SISTEMA

Enviado por El Despertar de Lontue el 16/10/2011 a las 09:45 PM

“En todo adulto existe un niño”: si pensamos que esta referencia está centrada en los sentimientos “puros”, vale decir, no contaminados por el sistema socioeconómico, la afirmación parece lógica, sin embargo, la realidad es muy distinta: sólo se refiere a los traumas que heredamos de nuestros padres y que luego -como adultos-, traspasamos e imponemos a nuestros propios hijos.

 

Al respecto, existen tres mitos -quizá independientes pero muy interrelacionados-, que operan para limitar la democracia esencial: la evolución de los niños y la escuela comprometida en su rol social.

 

El primer mito, el triunfo neoliberal, asume que la democracia liberal ha alcanzado su victoria definitiva y que sus ideologías gemelas, el libremercadismo y la democracia representativa constituyen los “valores” universales de nuestro mundo global. En este mito, la cultura liberal se convierte en sinónimo de la cultura del mercado, que permite la “libertad” del consumidor de comprar a expensas de la libertad de los ciudadanos, en un mundo donde todos juegan a ignorar los límites que los gobiernos deben imponer al poder del mercantilismo-empresarial, cuya definición de libertad es “bien privado”, y en un juego en que democracia y libremercado eliminan toda diferencia entre ética (del mercado) y aquellos verdaderos valores de la sociedad que no pueden medirse en términos estrictamente comerciales.

 

El segundo mito es la infancia inocente que se estructura en torno a la idea que infancia e inocencia reflejan aspectos de un estado natural que trasciende los dictados de la historia, la sociedad y la política, porque el hombre-masa es incapaz de entender la infancia como una interpretación histórica, social y política entremezclada con las relaciones del poder y del doblegamiento social que imponemos desde esta primera infancia. Como adultos envolvemos a los niños en un aura de inocencia y proteccionismo que graba a fondo en la siquis infantil su dependencia de otros y elimina toda idea de responsabilidad adulta. Es decir, en esta concepción se asume que “los niños son inocentes porque son criaturas incapaces de percibir, son seres instintivos, sin razón, primitivos y lúdicos, afines a una naturaleza que sigue conservando su belleza natural".

De  hecho, esta atribución de “inocencia” facilita que los padres “olviden” su responsabilidad de preparar a sus hijos para superar el fracaso que ellos ya experimentaron en su propia infancia, y así abandonarlos a los dictados de las mentalidades mercantiles gubernamentales, cuyas redes de apoyo y de ayuda proporcionan a los más pequeños medios de salud, alimentación y educación, que luego eliminan a los 14 años, en sus inicios a la adolescencia.

 

El tercer mito es la "Educación de calidad (subvencionada)" en continua expansión,  que recoge la herencia de una cultura falaz: comercial y discriminatoria, fomentadora del más atroz darwinismo social (sobrevivencia exclusiva de los alumnos con mejores ritmos de aprendizajes y exclusión como basura de los otros niños), que aprovecha los “valores” del mercado para su propio enriquecimiento.

Esta omnipresente cultura comercial de la Educación provoca la obsesión por la meta de “la carrera profesional, meta que es preciso lograr comprando Títulos o atropellando, discriminando o excluyendo  incluso a su propio hermano.

 

En este aspecto, la enseñanza y el aprendizaje se desvinculan de la mejora del mundo. Los imperativos de la justicia social se rinden al fatalismo que renuncia ante la política utilitarista con el fin de acomodar la cultura académica de la profesionalidad y la investigación científica a la satisfacción de necesidades ficticias  en que el “valor” está dado por la cantidad de ventas, consecuentemente, la cultura de la profesionalidad termina siempre subordinando el trabajo intelectual y trascendente al uso práctico y a labores que permiten amasar fortunas: en el sistema educativo genera la enorme cantidad de “carreras” con mínimo/ningún mercado ocupacional cuyos Titulos venden las Universidades, los Centros de Formación Técnica y los I.P. Sus productos -esterotipados engendros “con estudios superiores”-,  “trabajan”  entre las 08,30  y las 17,48 hrs. con un ojo puesto en el reloj y el otro pendiente de las normas que su Jefatura considera una conducta “profesional”: exitistas emprendedores “egresados de Liceos de excelencia”políticamente genuflexos al jefe de turno.

 

En Chile, la desvalorización social del rol del profesor refleja el poder que tiene la cultura empresarial para definir la enseñanza como una práctica técnica e instrumental que imparte un “empleado”, en vez de una entrega trascendente de aprendizajes. Muy pocos educadores están dispuestos a interpretar la cultura como un  campo distante de la polítiquería porque la mayoría ha claudicado a los caprichos y conveniencias empresariales de los mercaderes de la Educación (fundamentalmente corporaciones religiosas). Bajo la presión de una presunta “Educación de Calidad”, este enfoque del poder permite el asentamiento de su ideología y de sus “valores” que configuran todos los aspectos del proceso educativo cuya finalidad es acentuar la discriminación y ampliar más aún la brecha ricos-pobres.

 

La política cultural debería proporcionar el espacio conceptual para estructurar la infancia, vivir y luchar por ella, pero la “cultura” es el terreno primordial en el cual los adultos ejercen el poder sobre los niños en el plano ideológico y en el institucional. No obstante, es imprescindible cuestionar las formaciones y contextos culturales específicos en los que se organiza, se aprende y se vive la infancia para comprender y cuestionar las formas en que las prácticas culturales establecen las relaciones específicas de poder que configuran las experiencias de los niños.

 

Aparentemente pareciera que estos tres poderosos mitos tienen poco en común; sin embargo, en cualquier sentido significativo es imposible invocar uno aislado de las otros.  ¿Qué vincula estas tres acciones aparentemente dispares? Me parece que muchas cosas: 1) “excusan” al mundo adulto de cualquier responsabilidad con respecto a la juventud, a la cual se pretende “comprar” regalándoles  chatarra tecnológica que apelan a una economía próspera y al orden natural, pero que predispone al futuro adulto a ser impensante consumista; 2) reproducen, mantienen e incentivan la brecha ricos-pobres, el menosprecio de etnias, culturas y estratos económicos, y,  3) limitan el privatizador sistema educativo a una tendencia estrictamente instrumental. Los tres mitos sólo alimentan la brecha ricos-pobres mientras “olvidan” las condiciones cada vez más depauperadas a las que tendrán que hacer frente estas futuras generaciones de jóvenes que en su inmensa mayoría están condenados a mendigar desde el círculo de la Pobreza. La infancia no es un estado natural de inocencia: es una construcción histórica. Es también una categoría cultural y política que tiene eficientes resultados respecto a la forma que tienen los adultos para manipular maliciosamente la infancia con consecuencias nefastas, por cuanto la forma en que los niños “se ven a sí mismos'' será su yo del espejo”, vale decir, el patrón en el cual crecerán a adultos y con el cual perpetuarán en otras infancias el proceso de inequidades, falacias y manipulaciones, comienzo y fin de  un eterno círculo vicioso que refleja y reproduce la actual sociedad con todos sus vicios.

 

Aunque me duela,  la existencia de Liceos para privilegiados y para pobres en un sistema que luego hace competir exitistamente a los egresados de ambos tipos de establecimientos, y peor aún,  mentir que esa competencia es meritocrática y “justa” me obliga a reconocer la validez del pensamiento de Pierre Bordieu: la sociedad con todos sus vicios de elitismo, inequidad, discriminación, explotación del hombre como simple masa laboral y de consumo de chatarra tecnológica ha creado escuelas y Liceos que son instituciones obligadas a reproducir estas características que se graban en el subconsciente de los niños, los cuales al llegar a adultos cierran el ciclo y eternizan el Círculo de la Pobreza, de la Miseria y del Consumismo a través de las generaciones.

 

Como un paréntesis cruel ¿y cuál es el rol de la “reforma” educativa ideada e impuesta por la banca internacional? Elemental: crear mano de obra barata capaz de consumir la chatarra tecnológica que explota y enriquece aún más …a la misma banca internacional  (FMI-BID).

Dagoberto Ramirez 

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Rienzi de la Hoz
Rienzi de la Hoz el 12/12/2011 a las 12:22 PM

Estimados

Somos cuatro estudiantes  españoles actualmente residentes en Perú mientras concluimos una Maestría en Sociología.

Al buscar antecedentes para nuestro Contexto Teórico de Base,  en Google señalamos las palabras clave “Infancia y Futuro Social” y, ¡vive Dios!  nos encontramos de inmediato con ese gran artículo editado por vuestra Revista-web “El Despertar de Lontue” denominado “Infancia, el futuro social que sacrificamos al sistema” de vuestra autoría, Licenciado Dagoberto Ramírez.

De inmediato, una semana a la fecha,  vía “Contacto”, de vuestra Revista-web, solicitamos vuestra dirección digital sin  lograrlo.

Con el mayor de los respetos os solicitamos estime a bien poder contactarnos para indagar mayores antecedentes complementarios que Ud. podría proporcionarnos de vuestro excelente artículo, el cual analizamos muy ponderadamente en nuestra universidad.

Aunque desconocemos el contexto sociopolítico en el cual se desarrolla vuestra Revista, os felicitamos, al igual que a quienes consideramos  la dignísima Dirección de “El Despertar de Lontué”.

Os saluda con afecto,

 Rienzi de la Hoz

rienzidelahoz@peru.com


Leandro
Leandro el 07/02/2012 a las 10:06 PM
De hecho, sanoba raro que se "robaran" los huevos a plena luz del día y un montón de gente...

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